El rugby galés atraviesa uno de los momentos institucionales más delicados de los últimos años. La Central Glamorgan Rugby Union, uno de los nueve distritos que integran la Unión de Rugby de Gales (WRU), ratificó su impulso para convocar a una Asamblea General Extraordinaria (EGM) y rechazó con dureza la postura del organismo rector, que calificó la iniciativa como una “opción nuclear irresponsable”.
La propuesta busca someter a votación tres mociones clave, entre ellas un voto de censura contra el presidente de la WRU, Richard Collier-Keywood, y el titular de la Junta Profesional de Rugby (PRB), Malcolm Wall. Para que la EGM se concrete, se requiere el respaldo del 10% de los cerca de 300 clubes afiliados.
La WRU respondió con un correo dirigido a los clubes advirtiendo sobre los riesgos de apoyar la convocatoria, señalando que podría poner en peligro inversiones por 28 millones de libras, afectar la estabilidad financiera y comprometer la preparación del seleccionado de cara al Seis Naciones. Sin embargo, Central Glamorgan acusó al ente rector de “infundir miedo” y de utilizar el alarmismo como herramienta política.
“Convocar una Asamblea General Extraordinaria no es una opción nuclear irresponsable. El daño significativo al rugby galés ya lo están causando los líderes actuales”, sostuvo el distrito en una carta firmada por su secretario honorario, Derek Davies, remarcando que la dirigencia no ha logrado implementar un plan claro para revertir la crisis deportiva y estructural.
Las tres mociones presentadas incluyen:
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Un voto de censura contra Collier-Keywood y Wall (requiere mayoría simple).
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La convocatoria a elecciones para los cuatro miembros electos del consejo de la WRU dentro de los 14 días posteriores a la EGM.
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Una reforma del sistema de elección de representantes distritales y del consejo, que exige una mayoría del 75%.
Además, se elevaron seis recomendaciones, entre ellas la suspensión inmediata de los planes para modificar la estructura del rugby profesional —que podrían incluir la eliminación de uno de los cuatro equipos profesionales—, una revisión profunda de las finanzas de la WRU, la creación de una academia nacional centralizada y la reducción de salarios y cargos pagos dentro de la estructura dirigencial.
Central Glamorgan también cuestionó el crecimiento de la estructura administrativa, el uso de consultores externos y la falta de inversión directa en el “producto principal”, el rugby. “Las finanzas han mejorado, pero la inversión en el juego no”, señalaron.
El distrito también apuntó contra la falta de transparencia en la última Asamblea General Anual, celebrada tras la histórica derrota de Gales por 73-0 ante Sudáfrica, denunciando demoras en la entrega de balances y escasa información para el debate.
A esto se suman la salida de jugadores, la incertidumbre en el staff del seleccionado, el retraso en anuncios clave y la renuncia del consejero Anthony Buchanan, quien dejó su cargo por falta de confianza en la junta.
“El rugby galés se ha convertido en el hazmerreír del escenario mundial”, afirmaron desde Central Glamorgan, subrayando la necesidad de cambiar la narrativa y reconstruir el deporte “con las personas adecuadas y en el mejor interés de toda la comunidad”.
Mientras la WRU defiende los avances logrados en gobernanza y finanzas en los últimos dos años, el enfrentamiento con los distritos expone una fractura profunda en el corazón del rugby galés, con un futuro inmediato cargado de incertidumbre.








