Lo que comenzó como un viaje de Año Nuevo desde el calor de Bloemfontein terminó en una postal inédita: directivos, entrenadores, jugadores, voluntarios y fanáticos paleando nieve bajo temperaturas bajo cero en Ámsterdam, en un intento desesperado por salvar el partido de Challenge Cup entre Cheetahs y Ulster.
Pese a los esfuerzos extraordinarios de todas las partes involucradas, el encuentro programado para el 11 de enero fue cancelado oficialmente luego de que el campo fuera declarado injugable y peligroso para la seguridad de jugadores y oficiales.
Las intensas nevadas y el congelamiento del terreno obligaron primero a suspender todos los eventos deportivos al aire libre en Ámsterdam por orden del municipio. Ante ese escenario, los organizadores lograron asegurar una sede alternativa en el Dukes Rugby Club, donde nuevamente se intentó acondicionar el campo.
Sin embargo, las condiciones climáticas extremas y sin precedentes provocaron que también esa cancha quedara congelada. Tras permitir el mayor tiempo posible para evaluar la situación, el árbitro del encuentro, Kevin Bralley, tomó la decisión final de cancelar el partido siguiendo los protocolos de seguridad.
Tanto Cheetahs como Ulster coincidieron en que la cancelación fue la única decisión posible. Desde el conjunto sudafricano destacaron el respaldo del EPCR, que brindó todas las oportunidades para intentar disputar el encuentro, y compartieron incluso un video del entrenador en jefe Frans Steyn junto al staff colaborando activamente en la limpieza del campo.
“La seguridad de los jugadores y los árbitros es fundamental en la organización de los partidos del EPCR. Agradecemos que se hayan agotado todas las instancias posibles para intentar jugar”, señalaron desde Cheetahs.
El encuentro había despertado un fuerte interés desde su anuncio, al punto que las entradas se agotaron diez días antes del inicio. Desde la organización también hubo un reconocimiento especial al Dukes Rugby Club, a su presidente Robert van Schayk, y a Rugby Nederland, por el trabajo realizado durante meses para albergar los partidos como locales de los Cheetahs.
“Ningún esfuerzo es en vano. Cada situación deja una lección, aunque a veces solo se entienda con el tiempo”, expresó el CEO de Cheetahs, Rory Duncan.
Desde Irlanda del Norte, el director general de Ulster, Rory Best, calificó la situación como “desafortunada”, aunque fue categórico al explicar los motivos de la suspensión.
“Por mucho que queramos jugar, la salud y la seguridad de los jugadores es lo primero. Cuando un campo no está apto, el partido no puede seguir adelante”, afirmó.
Best también descartó una reprogramación del encuentro por cuestiones logísticas, al tratarse de un partido de fin de semana y con los equipos ya en viaje.
Aunque el partido nunca se jugó, el episodio dejó una imagen poderosa del rugby: unidad, compromiso y valores, incluso frente a condiciones extremas.
“Si bien se perdió la batalla contra los elementos, el esfuerzo colectivo fue un recordatorio de lo que representa este deporte”, resumieron desde la organización.








