Jonny Wilkinson quedó para siempre en la historia del rugby mundial por aquel drop inolvidable en la final del Mundial 2003, que le dio a Inglaterra su única Copa del Mundo. Preciso, competitivo y obsesionado con la excelencia, el apertura fue uno de los mejores jugadores de su generación. Sin embargo, detrás del éxito deportivo, convivió durante años con lesiones graves, una exigencia extrema y profundos altibajos emocionales.
Tras su retiro, Wilkinson decidió iniciar un camino completamente distinto. Lejos de los estadios y la presión del alto rendimiento, el ex 10 inglés puso el foco en la salud mental, la atención plena y el equilibrio emocional, convirtiéndose en un referente del bienestar integral. Hoy comparte su experiencia a través de charlas, podcasts y proyectos personales, con un mensaje claro: el rendimiento no puede estar desligado del cuidado de la mente.
“Cuando uno está ausente mentalmente, puede ser enorme físicamente, pero se vuelve vacío”, reflexiona Wilko, quien reconoce que durante su carrera ignoró muchas señales de agotamiento. Su nueva rutina incluye meditación, actividad física consciente y una mirada más compasiva sobre sí mismo, con el objetivo de inspirar a otros a hablar de salud mental y animarse a pedir ayuda.
El héroe del Mundial cambió la obsesión por la perfección por la búsqueda de la presencia. Y hoy, su legado va mucho más allá de aquel drop histórico: invita a repensar el deporte —y la vida— desde el bienestar y el autocuidado.









