La salida de Scott Robertson como entrenador de los All Blacks sigue sumando capítulos incómodos para New Zealand Rugby (NZR). Un informe del Irish Independent reveló detalles que exponen un proceso interno confuso, poco transparente y ya definido de antemano, según la percepción del propio entrenador despedido.
Robertson, de 51 años, fue cesado a principios de enero tras apenas dos temporadas al frente del seleccionado neozelandés, pese a ostentar un 74% de efectividad, la segunda más alta del rugby internacional actual, solo por detrás de Rassie Erasmus con Sudáfrica.
Según el medio irlandés, NZ Rugby citó a Robertson el lunes 12 de enero y le solicitó que asistiera acompañado por un abogado laboral, sin brindarle ninguna indicación previa sobre supuestos problemas detectados en una revisión realizada con los jugadores.
Lo más llamativo es que, siempre de acuerdo al informe, no recibió ninguna devolución concreta sobre esas evaluaciones, y el tono de la reunión le dejó en claro que la decisión ya estaba tomada. Robertson habría quedado impactado por la forma y el contenido del encuentro, que terminó derivando en su despido apenas días después.
Si bien trascendió que los jugadores habrían tenido un rol clave en la salida del entrenador —con cuestionamientos vinculados a la confianza y la cultura interna—, el presidente de NZR, David Kirk, negó públicamente esa versión. Sin embargo, la falta de comunicación directa con el propio Robertson refuerza la sensación de un proceso desprolijo.
El mandato de Robertson no estuvo exento de turbulencias. Durante su gestión, Leon MacDonald y Jason Holland dejaron el staff por decisión propia, en un contexto de rendimientos irregulares.
En 2025, pese a cerrar la temporada como número dos del ranking mundial, los All Blacks atravesaron derrotas históricas: la más dura fue el 43-10 ante Sudáfrica en Wellington, además de la primera caída ante Los Pumas en suelo argentino.
La forma en la que se produjo la salida de Robertson aumentó la presión sobre la dirigencia de NZR, que ahora deberá acertar con el próximo entrenador para evitar un fuerte costo político y deportivo. Más aún teniendo en cuenta que Robertson había sido la opción popular para suceder a Ian Foster.
Por ahora, el caso deja al descubierto una interna compleja y una toma de decisiones que dista mucho del orden y la claridad que históricamente caracterizaron al rugby neozelandés.








