Scott Robertson no solo perdió el cargo. Perdió algo que, según quienes mejor lo conocen, valora incluso más: la conexión con su equipo.
Así lo expresó Bryn Hall, ex medio scrum de los Crusaders y seis veces campeón del Super Rugby bajo el mando de “Razor”, quien analizó su salida en el Aotearoa Rugby Pod.
“Estará dolido, porque lo que resultó es que no contaba con la confianza del grupo”.
Para un entrenador que construyó su identidad sobre el vínculo humano —sonrisas, abrazos, cercanía— el golpe más fuerte no sería el despido en sí, sino la sensación de haber perdido el respaldo interno.
Scott Robertson no solo perdió el cargo. Perdió algo que, según quienes mejor lo conocen, valora incluso más: la conexión con su equipo.
Los números no explican todo
Su balance no fue catastrófico:
-
20 victorias en 27 partidos
-
74% de efectividad
-
Segundo en el ranking mundial
-
Solo detrás del 85% de Rassie Erasmus
Sin embargo, en el rugby internacional moderno los resultados no son el único factor. La gestión del entorno y la estructura técnica pesan tanto como el rendimiento.
¿El problema fue el staff?
El debate ahora no pasa solo por el próximo head coach (Dave Rennie o Jamie Joseph suenan fuerte), sino por el armado del equipo de asistentes.
Robertson contó con: Jason Ryan (con experiencia previa en los All Blacks), Leon MacDonald, Jason Holland, pero ninguno con el recorrido internacional que sí tuvieron combinaciones históricas como: Graham Henry con Steve Hansen y Wayne Smith, Jake White con Eddie Jones, Rassie Erasmus con Tony Brown, Galthié con Shaun Edwards.
James Parsons, ex All Black, fue claro: “Hay que cubrir las debilidades. Elegir bien a los asistentes es casi tan importante como elegir al entrenador principal”.
¿Y ahora qué para Razor?
Pese al golpe, nadie duda de su valor en el mercado.
Su historial como entrenador de clubes es uno de los más exitosos de la era profesional. Y la historia demuestra que muchos técnicos regresan más fuertes tras un tropiezo internacional.
“Conseguirá trabajo. Tiene un currículum impresionante. Han pasado cosas más raras. Puede que vuelva y tenga otra oportunidad”.
Para Robertson, quizás el mayor aprendizaje no sea táctico ni estratégico. Puede que sea humano.
Y eso, probablemente, sea lo que más le duela.








