El actual entrenador de Highlanders aparece como uno de los principales candidatos, junto a Dave Rennie, ex head coach de los Wallabies. La decisión final se anunciaría en la segunda semana de marzo, mientras un panel continúa evaluando a los postulantes.
Ese comité está integrado por nombres fuertes del rugby neozelandés como Dane Coles y Keven Mealamu, además del jefe de alto rendimiento Don Tricker, el CEO interino Steve Lancaster y el presidente David Kirk.
Parte del proceso incluye observaciones directas: Coles y Lancaster han asistido a entrenamientos de Highlanders para analizar el trabajo de Joseph, y se espera que realicen lo mismo con Rennie en Japón junto a los Kobelco Kobe Steelers.
Aunque desde NZR lo consideran “debida diligencia”, el método no cayó bien en Joseph. Según reportes, el entrenador siente que su trayectoria —con pasos por Wellington, Highlanders, Māori All Blacks y All Blacks XV— debería ser suficiente para evaluar su capacidad, sin necesidad de ser observado en el día a día.
Además, existe incomodidad por el peso que podrían tener las entrevistas en la decisión final, por encima de los antecedentes deportivos.
Otro punto que genera ruido es la idea —ya descartada— de un “equipo de ensueño” que uniera a Joseph y Rennie en el mismo staff. Ambos entrenadores apuntan al cargo principal y no contemplan compartir liderazgo.
En paralelo, la definición del staff también está abierta. Nombres como Scott Hansen, Jason Ryan, Tamati Ellison y Bryn Evans siguen vinculados a NZR, pero será el próximo head coach quien decida su continuidad.
Las críticas al proceso también alcanzan al modelo de selección. Desde el entorno periodístico neozelandés señalan que depender de entrevistas y observaciones puntuales resulta “arcaico” para una estructura de alto rendimiento, especialmente cuando los candidatos tienen trayectorias ampliamente documentadas.
Con el reloj corriendo hacia marzo, la definición del próximo entrenador de los All Blacks no solo marcará el rumbo deportivo del seleccionado más emblemático del rugby mundial, sino que también deja expuestas tensiones en la forma en que Nueva Zelanda gestiona su alto rendimiento.







