El rugby sudafricano quedó en el centro de la escena tras una investigación exclusiva de The Telegraph que revela una marcada caída en los controles antidopaje durante la última década. Según cifras de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), el Instituto Sudafricano para el Deporte Libre de Dopaje pasó de realizar 785 pruebas en 2015 a apenas 127 en 2024.
El contraste es aún más fuerte al compararlo con otros sistemas: la UK Anti-Doping incrementó sus controles en casi un 25% en el mismo período, pasando de 998 a 1.241 testeos.
Este desplome coincide con una de las etapas más exitosas del seleccionado sudafricano, campeón del mundo en 2019 y 2023, lo que genera interrogantes en la comunidad internacional. Además, Sudáfrica lidera el ranking histórico de infracciones por dopaje en rugby, con 89 casos (el 20% del total global).
Los cuestionamientos se intensifican por recientes casos de alto perfil. Los campeones del mundo S’busiso Nkosi y Elton Jantjies fueron sancionados en 2024 con tres y cuatro años respectivamente. A esto se suma la situación del pilar Asenathi Ntlabakanye, quien enfrenta dos cargos tras fallar un control y aún no fue suspendido de manera provisional.
Las sospechas no son nuevas. En la previa del Mundial 2019, el ex internacional irlandés Stephen Ferris generó polémica al publicar una imagen del plantel sudafricano en el gimnasio. Un mes antes, Aphiwe Dyantyi había dado positivo y recibido una sanción de cuatro años.
Desde SAIDS, su director ejecutivo Khalid Galant explicó que la caída responde a la suspensión del único laboratorio africano acreditado por la AMA, que perdió su licencia en 2024 por incumplimientos técnicos. Desde entonces, las muestras deben enviarse a Catar o Bélgica, lo que incrementa significativamente los costos en un contexto de financiamiento estatal limitado.
Por su parte, World Rugby aseguró que los jugadores sudafricanos continúan siendo controlados durante todo el año, incluso mediante visitas domiciliarias, aunque no brindó cifras oficiales.









