El rugby francés atraviesa una transformación histórica en su estructura económica. Por primera vez, los clubes reciben más dinero que los del fútbol en concepto de derechos televisivos, marcando un cambio de paradigma en el deporte profesional del país.
Según un informe publicado por L’Équipe, el crecimiento sostenido del rugby contrasta con la caída del fútbol, generando un nuevo equilibrio —o incluso ventaja— para la ovalada.
De la brecha histórica al nuevo escenario
Hace apenas una década, la diferencia era abismal:
Rugby: 71 millones de euros por temporada
Fútbol: 726,5 millones de euros anuales
Hoy, el panorama es muy distinto. Para el ciclo 2027-2032, el rugby ya tiene asegurados cerca de 139,4 millones de euros por año, con una tendencia claramente ascendente.
En cambio, el fútbol proyecta una fuerte caída: para la temporada 2025-2026, la redistribución total rondaría los 180 millones, de los cuales solo 120 millones llegarían a los clubes.
La clave: cómo se reparte el dinero
Más allá del volumen total, el diferencial está en el modelo de distribución:
Rugby: reparte cerca del 70% de sus ingresos entre los clubes
Fútbol: no alcanza el 40%
Este esquema hace que, en términos reales, los equipos de rugby terminen percibiendo mayores ingresos, incluso partiendo de un total menor.
Cuánto cobra cada club
En el Top 14, los números reflejan un sistema más equitativo:
Campeón: cerca de 10 millones de euros
Último: alrededor de 5 millones
En el fútbol, la brecha es más marcada:
Campeón: unos 30 millones
Último: cerca de 3 millones
Mitad de tabla: muchos no superan los 5 millones
El impacto también se extiende a la segunda división. En la Pro D2, los clubes perciben entre 2 y 3 millones de euros, cifras superiores a las del ascenso del fútbol.
Este reparto más homogéneo consolida un ecosistema más sólido, competitivo y sustentable, donde incluso los equipos más pequeños pueden desarrollarse con mayor previsibilidad.
El rugby francés no solo crece: cambia las reglas del juego económico en Europa, posicionándose como un modelo de gestión que combina competitividad con sostenibilidad. Un caso que ya empieza a ser observado de cerca por otras ligas del mundo.






