A cinco años de una apuesta que puede redefinir el mapa del rugby, World Rugby asume que el crecimiento del juego exige decisiones concretas. Su presidente, Brett Robinson, fue claro: “el rugby no puede quedarse estancado” si pretende expandirse hacia mercados complejos como Estados Unidos, sede del Mundial 2031.
El diagnóstico llega en un contexto de tensión. Referentes como Michael Jones advierten sobre la pérdida de terreno frente al rugby league en Nueva Zelanda, mientras que dificultades financieras golpean estructuras profesionales, con casos como la salida de Moana Pasifika. Incluso en Europa, seleccionados históricos como Wales national rugby union team atraviesan retrocesos deportivos y de interés.
Aun así, Robinson sostiene una mirada optimista: el rugby mantiene una base global sólida y un fuerte crecimiento del juego femenino. El eje, ahora, está en expandirse sin perder identidad.
Estados Unidos en el centro
Tras los Mundiales de Australia 2027 y 2029, el desembarco en EE.UU. representa una oportunidad inédita, pero también un escenario exigente. La contracción de la Major League Rugby y la necesidad de ganar visibilidad en un mercado hipercompetitivo son parte del desafío.
“Sabemos que es un mercado desafiante, pero no estamos de brazos cruzados”, afirmó Robinson. La estrategia incluye llevar partidos de alto impacto y definir entre 12 y 14 ciudades sede, sobre una preselección inicial de 27.
Con más de 750.000 entradas ya vendidas para Australia 2027, el rugby encuentra señales positivas. Pero el verdadero partido, coinciden en World Rugby, será consolidar su lugar en el escenario global.







