El desarrollo de talentos es uno de los pilares del sistema argentino y, en ese camino, la detección temprana resulta clave. En ese contexto, José Pellicena, Secretario Técnico de Rugby de la UAR, brindó detalles sobre los criterios que se utilizan para identificar a los jugadores juveniles con proyección hacia el alto rendimiento.
En diálogo con Equipo Scrum, el exentrenador de Los Pumitas explicó que el proceso se apoya en parámetros previamente definidos, aunque no de manera rígida: “Tenemos los perfiles de los jugadores. A través de eso identificamos que un jugador de determinada edad debería cumplir con ciertos parámetros de rendimiento. Obviamente hay algunos factores, el famoso ‘factor X’, que no entran en este parámetro pero que también son importantes en la identificación”, señaló.
Pellicena remarcó que estos perfiles funcionan como una guía, pero no como una limitación absoluta. Incluso, puso como ejemplo el caso de ciertos forwards que, pese a no cumplir con las características físicas ideales, logran destacarse: “A veces el perfil no te da que un jugador, como un pilar de determinada talla, entre dentro de lo que buscamos. Pero puede tener algo distinto, ese ‘factor X’ que lo hace sobresalir, y eso también lo tenemos en cuenta”, explicó.
El seguimiento y los “maduradores tardíos”
Otro de los aspectos centrales del sistema es el seguimiento a largo plazo. En ese sentido, el dirigente destacó la importancia de contemplar los distintos tiempos de desarrollo de cada jugador: “También identificamos que hay maduradores tardíos. Son chicos que pueden explotar a determinada edad. Tenemos muchos casos de jugadores que detectamos, pero que todavía no están en su madurez atlética o deportiva”, comentó.
A partir de ese diagnóstico, la UAR mantiene un monitoreo constante en conjunto con los clubes: “Lo que hacemos es seguirlos a través del club y, cuando vemos que evolucionaron en su desarrollo, ahí es el momento de sumarlos a un contexto de alto rendimiento”, agregó.
La ventana clave: entre los 17 y los 23 años
Pellicena también puso el foco en la etapa considerada clave dentro del proceso formativo: “Siempre hablamos de que el período de desarrollo de jugadores está entre los 17 y los 23 años. En esa franja tenemos que ser muy permeables para entender si un jugador puede iniciar antes o después”, sostuvo.
En esa línea, subrayó la importancia de respetar los tiempos individuales: “Cuantos más años tenga un jugador dentro de un contexto de alto rendimiento, mejor va a ser su evolución. Pero lo fundamental es respetar el proceso natural de desarrollo de la persona”, afirmó.
El ejemplo de Santiago Grondona
Para graficar esta lógica, Pellicena mencionó el caso de Santiago Grondona, quien en sus inicios decidió alejarse momentáneamente del sistema profesional: “Es un clarísimo ejemplo. Tuve la oportunidad de entrenarlo y ayudarlo en su desarrollo. En un momento se sintió agobiado, dejó el rugby profesional por un tiempo y volvió a su club”, recordó.
Y concluyó: “Después entendió que era su momento para regresar, y volvió”.
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