El pilar neozelandés Tamaiti Williams atraviesa una de las recuperaciones más difíciles de su carrera. El jugador sufrió una grave infección por SARM (Staphylococcus aureus resistente a la meticilina) que lo mantuvo internado durante cuatro meses y que incluso puso en riesgo su movilidad.
Los médicos le advirtieron que podía terminar en una silla de ruedas. Sin embargo, Williams salió adelante y, después de un largo proceso de recuperación, ya volvió a entrenarse de manera progresiva con el objetivo de regresar a las canchas.
“Una de las primeras cosas que me dijeron fue que podría terminar en una silla de ruedas. Nos encanta el rugby, ¿verdad? Pero también me gusta caminar. Tuve bastante suerte de que estuviera en la parte media de la espalda, pero si hubiera estado en la parte baja, el resultado podría haber sido diferente”, contó en una entrevista con The Good, The Bad & The Rugby.
Todo comenzó durante un entrenamiento. Williams creyó que simplemente se había lastimado la espalda, pero el dolor fue aumentando hasta convertirse en insoportable.
“Estaba entrenando y pensé que solo me había lastimado la espalda. Una noche tuve un pequeño episodio y estaba dando vueltas en la cama con un dolor insoportable, discutiendo con mi esposa para que no fuéramos al hospital. Mi mamá me llamó y me dijo: ‘Voy a llamar a la policía si no vas al hospital’”.
Finalmente, fue trasladado al hospital, donde los médicos no lograban determinar inicialmente qué estaba sucediendo. El diagnóstico reveló una infección por SARM, una bacteria resistente a varios antibióticos, que había afectado gravemente su columna.
“Es una bacteria llamada SARM, es como una superbacteria. Es resistente a los antibióticos. Prácticamente se alojó en mi disco y en mi espalda y prácticamente me destruyó. Ahora tengo cuatro tornillos en la columna. Tuve que fusionarla”.
Para explicar la magnitud del daño que sufrió, Williams recurrió a una comparación tan gráfica como impactante: “¿Alguna vez viste un árbol en llamas y cómo se quema primero el interior del árbol? Eso es prácticamente lo que le pasó a mi columna. Casi contraigo sepsis dos veces”.
Los meses posteriores fueron un verdadero desafío. El dolor era tan intenso que necesitó morfina y, posteriormente, atravesó un difícil proceso para abandonar los analgésicos.
“Tenía tanto dolor que me pusieron morfina. Lo más difícil fue dejar los analgésicos. Sufría ataques de pánico. Luché contra eso sin parar. Cuando me fueron reduciendo los analgésicos gradualmente, mi cuerpo reaccionó de forma descontrolada. Uno se cansa de sentir dolor. No pude caminar durante un par de semanas”.
La enfermedad también tuvo un fuerte impacto físico. Williams ingresó al hospital con un peso cercano a los 140 kilos y salió cuatro meses después con alrededor de 122.
“Estaba tomando antibióticos muy fuertes. No podía comer mucho y me estaba consumiendo, pero ahora recuperé el hambre”, relató.
El rugby, otra vez en el horizonte
Después de todo lo vivido, Williams comenzó a dar nuevos pasos en su recuperación. Su regreso al rugby todavía depende de distintas evaluaciones médicas y pruebas físicas, pero el pilar ya volvió a entrenarse progresivamente.
Cada avance representa una pequeña victoria después de una enfermedad que llegó a poner en duda algo tan básico como volver a caminar.
El objetivo ahora es claro: recuperar su cuerpo, superar las pruebas médicas y volver a hacer lo que más disfruta.
Tamaiti Williams sigue dando pelea. Esta vez, el partido más importante es el de su propia recuperación.
Vía: The Good, The Bad & The Rugby







