El experimentado entrenador australiano puso el foco lejos del nombre propio y cuestionó el trasfondo de la medida, al asegurar que el cambio de head coach “no resuelve los problemas reales” del rugby neozelandés.
En su análisis, Jones planteó que la salida de Robertson debe leerse dentro de un proceso más amplio y prolongado en el tiempo. En diálogo con el podcast Rugby Unity, recordó que el seleccionado arrastra dificultades desde hace varios años. “Hace tiempo venimos hablando del declive del rugby de Nueva Zelanda, desde 2019, y su récord frente a Sudáfrica está por debajo del 50%”, señaló, remarcando que el contexto excede ampliamente la gestión de un solo entrenador.
Desde esa mirada, el ex DT de Inglaterra y Australia sostuvo que Robertson terminó siendo el rostro visible de una problemática estructural. “Hay una tendencia en el rugby neozelandés que él no controla. Puede intentar detenerla, pero probablemente estemos ante un problema de talento que necesita un análisis mucho más profundo. A veces el entrenador es quien paga el precio”, explicó, desligándolo de una responsabilidad absoluta.
Jones también fue crítico con el accionar dirigencial y el modo en que se administran este tipo de decisiones. “No me gusta cómo los administradores están manejando estas situaciones hoy”, afirmó, antes de aportar un dato que considera central: bajo la conducción de Robertson, los All Blacks ganaron el 74% de sus partidos, el registro más alto del período actual, solo superado por el ciclo de Rassie Erasmus con Sudáfrica. Para el australiano, ese rendimiento no debería minimizarse, aun cuando esté por debajo de las épocas doradas de Graham Henry o Steve Hansen.
Por último, se refirió al ruido externo que rodeó al plantel y a las versiones sobre un posible malestar interno. Aunque el presidente de NZR, David Kirk, negó públicamente cualquier tipo de rebelión de los jugadores, Jones se mostró incómodo con la exposición del conflicto y dejó entrever que la gestión comunicacional también forma parte del problema.
En síntesis, el ex entrenador volvió sobre su idea central: la salida de Scott Robertson puede generar un impacto inmediato, pero difícilmente funcione como una solución estructural si no se revisan las bases del sistema que hoy sostienen al rugby neozelandés.








