El ex internacional de rugby league y rugby union, Sam Burgess, se convirtió en uno de los principales impulsores del Rugby Híbrido, un innovador formato que combina reglas de ambas disciplinas y que, según anticipó, podría atraer a seleccionados como los All Blacks en un futuro cercano.
Burgess no solo manifestó públicamente su apoyo al concepto, sino que además invirtió en el proyecto, convencido de que el rugby híbrido derivará en partidos internacionales de alto perfil. De hecho, los organizadores ya presentaron una propuesta superior a los tres millones de dólares a la Rugby Football League (RFL) —el ente rector del rugby league en Inglaterra— para organizar un torneo internacional hacia finales de este año, con la posibilidad de sumar a otros actores.
Una de las alternativas que se analiza es la realización de un partido de exhibición como antesala de la Copa del Mundo de Rugby League 2026, o bien una vez finalizado ese evento, que se disputará entre octubre y noviembre del próximo año.
Burgess, una de las figuras más reconocidas tanto en el rugby league y rugby unión en Australia e Inglaterra, se sumó al entrenador de Penrith Panthers, Ivan Cleary, como defensor del proyecto.
“Es muy emocionante para el juego. He jugado tanto en liga como en rugby, y conozco bien la combinación entre ambos”, señaló.
Según explicó, el atractivo del rugby híbrido no se limitaría a Australia o el Reino Unido: “A un alto nivel, creo que podría haber interés por un juego de código cruzado, con reglas híbridas. Entusiasmaría a aficionados del rugby union y del rugby league en todo el mundo. Países como Sudáfrica o Nueva Zelanda podrían mostrar mucho interés”, afirmó, mencionando explícitamente a los All Blacks como posibles protagonistas.
El formato propone reglas modificadas que resaltan lo mejor de ambos deportes sin comprometer la seguridad de los jugadores. Entre los puntos principales, se utilizarán reglas de rugby league cuando un equipo tenga la posesión en su propio campo, y reglas de rugby union al ingresar en territorio rival. No habrá conteo de tackles y un reloj de 60 segundos limitará el tiempo de ataque a cada lado de la mitad de cancha.
El concepto ya tuvo una primera experiencia práctica en octubre, cuando Barker College y St Gregory’s College disputaron un partido híbrido en Australia. Tras reunirse con el director del proyecto, Paul Franks, Burgess decidió tomar participación directa en el negocio.
“Creo en el concepto. Con el tiempo, va a triunfar. No hay ventaja ni para la liga ni para la unión: es un equilibrio entre reglas, atletismo y habilidad”, explicó.
Y fue más allá: “Podríamos ver a los Kangaroos contra los Wallabies, o incluso a Australia contra Australia. Y lo mejor es que es global: Sudáfrica, los All Blacks… Es un partido de exhibición, algo similar a lo que fue el T20 para el críquet”.
El contexto económico también juega a favor del proyecto. La RFL atraviesa dificultades financieras y, según trascendió, mantiene una deuda con la International Rugby League vinculada a la Copa del Mundo disputada hace tres años. Un evento híbrido podría representar una nueva fuente de ingresos, con Wembley y Twickenham como sedes potenciales.
Por su parte, Ivan Cleary ya había respaldado la iniciativa y se mostró dispuesto a entrenar uno de los equipos en caso de que se concrete un partido internacional.
“Definitivamente creo que existe una oportunidad para que ambos códigos se unan y creen grandes eventos”, señaló el DT, destacando la posibilidad de que jugadores de rugby union y league puedan convivir en un mismo espectáculo.
Sydney Morning Herald







