El debate sobre la introducción de ascensos y descensos en el Seis Naciones volvió a escena, pero la postura oficial es clara: no habrá cambios en el corto plazo. Así lo confirmó el director ejecutivo del torneo, Tom Harrison, quien sostuvo que un sistema de descenso podría tener consecuencias financieras “equivalentes a la quiebra” para las uniones involucradas.
En los últimos años, Georgia se consolidó como la gran potencia del segundo nivel europeo, ganando 16 de las últimas 18 ediciones del Campeonato Europeo de Rugby. A eso se suman triunfos recientes ante seleccionados del Seis Naciones, como Gales e Italia, que reforzaron el reclamo de los Lelos por un lugar en la élite del rugby continental.
El pedido se intensificó a partir del mal momento de Gales, que atraviesa una racha crítica en la competencia. El seleccionado galés llega a una nueva edición del torneo sin victorias desde marzo de 2023 y tras haber obtenido la cuchara de madera en los dos últimos campeonatos. De cara a la temporada actual, incluso aparece como favorito a terminar último nuevamente, según casas de apuestas británicas.
Las diferencias de rendimiento entre Gales y Georgia reavivaron el debate público, con voces históricas del rugby como Sir Clive Woodward y Sam Warburton apoyando la implementación de ascensos y descensos. El ex capitán galés, sin embargo, reconoció que el impacto económico que sufriría una unión descendida sería “un desastre”.
Harrison retomó ese argumento en su participación en el podcast Business of Sport, donde remarcó que el descenso en una competencia internacional no es comparable con el modelo de ligas domésticas. “No existe un ejemplo equivalente donde el descenso no implique el colapso financiero de una organización”, explicó.
Según el CEO del Seis Naciones, una eventual salida del torneo obligaría a cerrar programas de desarrollo, reducir estructuras y perder puestos de trabajo, algo que contradice el espíritu del crecimiento del rugby. “Queremos dar oportunidades a naciones emergentes, pero no a costa de que una potencia histórica deje de existir”, afirmó.
El dirigente también comparó la situación con el críquet, deporte en el que se desempeñó previamente como directivo, y señaló que el rugby enfrenta una dificultad adicional: la rigidez del calendario internacional. La carga física, la convivencia con las competencias de clubes y el cuidado de la salud de los jugadores limitan seriamente la posibilidad de sumar torneos clasificatorios o ventanas extra.
Por ahora, el Seis Naciones mantiene su formato tradicional, mientras el debate continúa abierto. Georgia sigue esperando su oportunidad y Gales intenta salir de una crisis profunda, en un escenario donde el equilibrio entre mérito deportivo y sustentabilidad económica sigue siendo el gran dilema del rugby europeo.








