El rugby tiene esas vueltas bruscas que no dan respiro. Hace apenas semanas, Inglaterra parecía candidata seria en el Seis Naciones y hasta se animaba a discutir el dominio de los Springboks. Hoy, el escenario es completamente distinto.
El equipo dirigido por Steve Borthwick atraviesa un momento de fuerte cuestionamiento tras su caída ante Irlanda por 42-21 en Twickenham, un resultado que lo dejó sin chances en el torneo y encendió las críticas desde todos los sectores.
El seleccionado inglés venía de una racha de 12 victorias consecutivas, incluso con un triunfo destacado frente a Nueva Zelanda en noviembre, lo que había elevado sus expectativas de cara a la temporada.
Sin embargo, el presente cambió rápidamente: Derrota ante Escocia en Murrayfield; Caída contundente frente a Irlanda, 22 puntos recibidos en apenas 30 minutos en el último partido; La actuación dejó expuestas falencias estructurales tanto en defensa como en conducción.
El foco de las críticas no solo recae en Borthwick, sino también en el apertura George Ford, que tuvo una jornada muy floja, con errores en momentos clave y hasta silbidos del público en Twickenham.
Mientras tanto, Irlanda dominó con claridad, conducida por Jamison Gibson-Park, y con el peso ofensivo de jugadores como Caelan Doris.
El try de Sam Underhill sobre el final solo sirvió para maquillar el resultado.
Las redes y los analistas no tardaron en reaccionar:
Andy Goode fue tajante: “Inglaterra reflejó el estilo de Borthwick: poco inspirador y soso”.
El periodista Neil Fissler disparó: “El rugby inglés necesita un mejor entrenador”.
También hubo cuestionamientos tácticos, especialmente por la utilización de Marcus Smith fuera de su posición natural.
Pese a la presión, el entrenador inglés intentó bajar el tono tras la derrota: “Hace dos semanas decían que éramos el mejor equipo del mundo. Ahora dirán todo tipo de cosas, y ninguna es cierta”.
Lo cierto es que, con el Mundial en el horizonte y la nueva Copa de Naciones en camino —donde Inglaterra enfrentará a Sudáfrica—, el margen de error empieza a achicarse.
A Inglaterra le quedan dos partidos en el Seis Naciones para cambiar la imagen y recuperar confianza. Pero más allá de los resultados, lo que está en juego es algo más profundo: el rumbo de un equipo que, por potencial, debería estar peleando en la élite.








