El rugby internacional atraviesa un momento de definiciones. En la última cumbre “Shape of the Game”, organizada por World Rugby en Londres, dirigentes y actores clave del deporte debatieron posibles modificaciones reglamentarias que podrían impactar directamente en la dinámica del juego de cara a los próximos años.
En ese contexto, comenzó a delinearse un escenario de posturas enfrentadas. Según informó el medio francés L’Equipe, Sudáfrica decidió alinearse con Francia y otras uniones del hemisferio norte para rechazar una serie de propuestas impulsadas principalmente por Australia y Nueva Zelanda.
Las modificaciones en discusión apuntan a acelerar el ritmo del juego y reducir las interrupciones, con foco en limitar la cantidad de scrums y aumentar el tiempo efectivo de pelota en juego. Sin embargo, estas ideas generaron resistencia en sectores que consideran que esos cambios pueden alterar la esencia del rugby union.
Desde Francia, la postura fue clara. Yann Roubert, presidente de la Ligue Nationale de Rugby, expresó que existe apertura a evolucionar, aunque sin perder la identidad del deporte. En la misma línea, el presidente de la Federación Francesa, Florian Grill, remarcó el peso específico del modelo francés dentro del rugby mundial.
El debate no es menor. Las pruebas reglamentarias implementadas recientemente en el Super Rugby Pacific ya habían encendido la discusión, especialmente entre quienes advierten sobre una posible deriva hacia un juego más cercano al rugby league, en detrimento de las formaciones fijas.
Con la Copa Mundial de Rugby 2027 como fecha límite para la implementación de posibles cambios, las decisiones que se tomen en los próximos meses serán determinantes.
La alianza entre Sudáfrica y Francia no solo refuerza el bloque que busca preservar estructuras tradicionales como el scrum, sino que también profundiza una grieta conceptual: la tensión entre un rugby que prioriza el espectáculo y otro que defiende su ADN histórico.
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