Cuando hablan dos nombres como Richie McCaw y Dan Carter, la conversación se vuelve referencia. Campeones del mundo en 2011 y 2015, y protagonistas de una de las etapas más dominantes del rugby neozelandés, ambos compartieron sus elecciones sobre los jugadores que más los marcaron dentro de la cancha.
El repaso, surgido en una entrevista reciente, combina respeto, memoria competitiva y reconocimiento a rivales que definieron partidos y épocas.
En el cuarto lugar aparece Schalk Burger, uno de los forwards más físicos e intensos de su generación. Tanto McCaw como Carter coincidieron en su impacto constante en el juego y en su presencia alrededor de la pelota. Su figura, además, trasciende lo deportivo por su regreso al alto rendimiento luego de una meningitis que puso en riesgo su vida.
El tercer puesto es para Thierry Dusautoir, símbolo del rugby francés y referencia defensiva de una era. Capitán de Francia, su capacidad para aparecer en los momentos más exigentes lo convirtió en un rival determinante, especialmente en los cruces mundialistas frente a Nueva Zelanda.
En el segundo lugar, el reconocimiento es para Jonny Wilkinson, uno de los aperturas más influyentes de la historia. Su precisión, mentalidad y control del juego lo posicionaron como un modelo de perfección en su puesto, con el respaldo tanto de Carter como de McCaw.
El primer lugar queda en manos de Jonah Lomu, una figura que excede cualquier ranking. Su irrupción en el rugby cambió la percepción del juego: potencia, velocidad y capacidad de desequilibrio en un nivel pocas veces visto. Más que un jugador, un fenómeno que redefinió el impacto de un wing en el rugby moderno.
Más allá del orden, la selección refleja un patrón claro: jugadores que no solo se destacaron por su rendimiento, sino por su influencia en el juego y en sus rivales.
Desde la intensidad de los forwards hasta la precisión de los backs, McCaw y Carter construyen un mapa de referentes que ayudaron a moldear el rugby contemporáneo.








