El ex head coach de All Blacks, Steve Hansen, dejó una reflexión con fuerte impacto en el rugby internacional: tomar ideas de los Springboks puede ser útil, pero intentar copiarlos por completo sería un error.
En un contexto donde Rassie Erasmus consolidó a Sudáfrica como potencia dominante —con títulos mundiales consecutivos y el liderazgo del Rugby Championship en 2024 y 2025—, muchos equipos comenzaron a mirar su modelo como referencia. Sin embargo, Hansen fue claro: no existe una fórmula universal.
El histórico entrenador neozelandés, campeón del mundo, advirtió a Dave Rennie que el camino del éxito no pasa por replicar sistemas ajenos, sino por adaptarlos. “Podés tomar una o dos cosas, pero el verdadero arte está en entender qué le sirve a tu equipo”, explicó.
Durante el exitoso ciclo sudafricano, los Springboks revolucionaron el juego con recursos como el “Bomb Squad”, innovaciones tácticas y una fuerte apuesta por forwards híbridos y versátiles. Aun así, Hansen remarcó que esas decisiones responden a una identidad propia, difícil de trasladar directamente al ADN del rugby neozelandés.
Además, el ex entrenador subrayó un punto clave en términos de construcción de equipo: las diferencias culturales. Según su experiencia en seleccionados como Gales y Japón, lo que funciona en un país no necesariamente tiene el mismo impacto en otro.
Con los All Blacks atravesando una etapa de renovación tras la salida de Scott Robertson, Hansen se mostró expectante por el nuevo ciclo liderado por Rennie. Especialmente, destacó el potencial de los forwards neozelandeses, en particular la primera línea, como base para reconstruir un equipo competitivo.
En definitiva, el mensaje es claro y con fuerte valor estratégico en el rugby actual: inspirarse sí, copiar no. Porque, incluso en la era de los modelos exitosos, la identidad sigue siendo el principal diferencial dentro de la élite internacional.







