El rugby tucumano atraviesa uno de los momentos institucionales más complejos de los últimos años. Con una histórica presencia en la política del rugby argentino, hoy la Unión de Rugby de Tucumán enfrenta cuestionamientos internos, pérdida de representación y señales de desorden dirigencial.
La gestión encabezada por Javier Budeguer quedó en el centro de las críticas por la falta de consensos y un retroceso en los espacios de poder.
La salida de Tucumán de la vicepresidencia segunda en la Unión Argentina de Rugby marca un punto de quiebre. El cargo, que durante años ocupó Marcelo Corbalán Costilla, garantizaba participación directa en la mesa ejecutiva donde se definen aspectos centrales del rugby nacional.
Ese lugar pasó a manos de Jaime Barba, mientras que el representante tucumano quedó relegado a un rol sin incidencia directa en la toma de decisiones.
Durante la gestión anterior, Tucumán mantenía capacidad de influencia en la distribución de recursos, el desarrollo del Regional del NOA y la articulación con el alto rendimiento. Hoy, dirigentes del sector advierten una pérdida de peso político y estratégico.
El frente interno también expone tensiones. La renuncia de Matías Pascual como presidente de la Comisión de Árbitros, horas antes de una final del Regional del NOA, dejó al descubierto un conflicto dirigencial.
En su dimisión, Pascual denunció injerencia en la designación de referees, tras la modificación de un nombramiento técnico por parte del Consejo Directivo.
El problema, sin embargo, es más profundo. La estructura arbitral aparece debilitada frente a una competencia que demanda cerca de 80 partidos por fin de semana, sin una base consolidada ni recambio suficiente.
A lo largo de la última temporada se registraron episodios de violencia y sanciones que generaron controversia por la falta de criterios uniformes.
El caso más visible fue la sanción a Tucumán Rugby, posteriormente modificada, lo que profundizó los cuestionamientos sobre la transparencia en la toma de decisiones.
En ese contexto, se incorporó a la comisión de disciplina el abogado Martín Ortiz de Rosa, con el objetivo de profesionalizar el área, aunque su llegada también implica la salida de un árbitro activo en un momento crítico.
La asamblea extraordinaria, postergada desde diciembre de 2025, terminó de reforzar la percepción de improvisación. La designación de consejeros suplentes sin balances aprobados y la falta de planificación evidencian un funcionamiento irregular.
Reuniones demoradas, decisiones sobre la marcha y ausencia de una estructura clara contrastan con otros sectores del rugby que muestran mayor organización.
Si bien el rugby tucumano mantiene su competitividad dentro del campo de juego, su posicionamiento institucional aparece debilitado.
La pérdida de representación en la UAR es la señal más visible de un proceso más profundo. El desafío para la conducción será recomponer el orden interno, recuperar credibilidad y reconstruir su lugar en la estructura nacional antes de que el retroceso sea mayor.
Fuente: miravospais.com








