El back recordó uno de los momentos más duros de su etapa formativa en la Unión de Rugby de Buenos Aires, cuando quedó fuera de las juveniles pese a su buen rendimiento. Según le explicaron, uno de los motivos era su origen en un “club pequeño”, sin el mismo roce competitivo que otros jugadores.
“En ese momento duele, pero yo pensaba: ‘poneme, probame, dejame mostrar’”, confesó.
Lejos de frustrarse, Osadczuk cambió el foco: apostó por crecer en su club y trabajar sobre lo que dependía de él. “La única solución es seguir mejorando y buscar objetivos propios”, reflexionó, destacando también el impacto emocional de esas etapas: aprender a gestionar la frustración, la espera y las oportunidades que no llegan.
El jugador subrayó la importancia de la salud mental en el alto rendimiento, especialmente tras sus lesiones de rodilla. Recordó como uno de los momentos más difíciles su segunda lesión, durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020:
“Ahí me pregunté por qué y si volvería a pasar”.
En ese proceso, resaltó el rol del grupo: “Siempre había alguien que te levantaba y te decía que ibas a tener otra oportunidad”.
Osadczuk también vinculó el crecimiento del seleccionado con la expansión del profesionalismo en el circuito:
“El profesionalismo en el Seven no es casualidad. Cuando se amplió la base de jugadores dedicados, llegaron los resultados”.
Además, explicó que la mayor cantidad de tiempo de concentración y preparación impacta directamente en el rendimiento colectivo: “Cuando el equipo entrena más junto, rinde mejor”.









