La Rugby Australia confirmó un giro histórico en su situación económica: tras la gira de los British & Irish Lions, la entidad logró quedar libre de deudas y cerrar 2025 con un superávit operativo récord superior a los 70 millones de dólares.
El organismo venía golpeado desde la Rugby World Cup 2023, pero una profunda reestructuración en 2024 permitió capitalizar al máximo la llegada del combinado británico-irlandés, dirigido por Andy Farrell.
Impacto económico decisivo
La gira, compuesta por nueve partidos, generó ingresos por 146,8 millones de dólares y fue clave dentro de un total anual que alcanzó los 262,2 millones. Este escenario permitió cancelar anticipadamente una deuda de 80 millones contraída en 2023.
Según el balance presentado tras la asamblea anual en Sídney, Rugby Australia registró un superávit de 70,6 millones y reservas de efectivo de 31,4 millones, sentando las bases de un modelo económico sostenible a futuro.
Además, la entidad adelantó que proyecta la creación de un fondo de inversión respaldado por los ingresos de grandes eventos, incluyendo la gira de los Lions y las próximas Copas del Mundo.
Confianza de cara al futuro
El CEO Phil Waugh destacó el momento institucional: aseguró que se trata de una etapa “histórica y estimulante”, en la que el rugby australiano logró sanear sus finanzas y redefinir su rumbo estratégico.
En la misma línea, el presidente Daniel Herbert remarcó que la reestructuración organizativa permitió construir una plataforma sólida de cara a los desafíos venideros.
Australia será sede de la Rugby World Cup 2027 y de la Rugby World Cup 2029, dos eventos que aparecen como oportunidades clave para consolidar este crecimiento.
Récords dentro y fuera de la cancha
En el plano deportivo y comercial, 373.168 espectadores asistieron a los siete test matches de los Wallabies en 2025, con un promedio récord de 53.308 por partido.
El pico se registró en el Melbourne Cricket Ground, con 90.307 espectadores en el segundo test ante los Lions, mientras que los encuentros en Sídney, Brisbane y Perth se disputaron con entradas agotadas.
Por su parte, el Super Rugby Pacific también mostró señales positivas: la asistencia creció un 6% y las audiencias televisivas aumentaron significativamente, consolidando el repunte del rugby australiano tras años de incertidumbre.







