La apuesta táctica de Rob Penney generó impacto inmediato en el Super Rugby Pacific. En la Super Ronda frente a Waratahs, el entrenador de Crusaders decidió ubicar a Leicester Fainga’anuku —habitual centro/wing de los All Blacks— como ala en el pack. El resultado: victoria por 35-20, try incluido y premio al mejor jugador del partido.
Sin embargo, más allá del impacto inmediato, el experimento abrió el debate en Nueva Zelanda sobre su sostenibilidad y verdadero valor táctico.
La mirada crítica de James Parsons
El ex hooker de los All Blacks, James Parsons, analizó la actuación con cautela y bajó el tono de la euforia. Si bien reconoció el rendimiento del back reconvertido, puso el foco en el contexto y en el diseño del plan de juego.
“Jugó de maravilla, no hay duda de que cumplió con lo que le pidieron”, señaló. Pero también advirtió que su impacto podría haber sido similar sin necesidad de modificar su posición natural.
“Fue como con Jonah Lomu”
Parsons trazó una comparación fuerte: el uso de Fainga’anuku le recordó al rol que cumplía Jonah Lomu en los All Blacks.
“Sentí que el plan de juego era como cuando jugaba Lomu: darle la pelota. En ataque, siguió cumpliendo funciones de centro”, explicó, destacando que gran parte de su participación estuvo diseñada para maximizar sus intervenciones con pelota.
Ajustes tácticos y dudas defensivas
El análisis también incluyó observaciones puntuales sobre el funcionamiento defensivo. Parsons se mostró sorprendido por la ubicación de Fainga’anuku en el scrum y sugirió alternativas más equilibradas.
“Los Waratahs llegaron al borde con facilidad en algunas secuencias porque quedó atrapado en la melé”, explicó, marcando un aspecto a corregir si la prueba continúa.
El peso del colectivo
Otro punto clave fue el rendimiento del resto del pack de Crusaders, especialmente el de Dom Gardner, a quien Parsons destacó como fundamental en el funcionamiento general del equipo.
“Hubo grandes actuaciones a su alrededor que le permitieron jugar de esa manera”, sostuvo, relativizando el brillo individual.
Números y sostenibilidad del experimento
Para poner en contexto la actuación, Parsons comparó sus estadísticas con otros forwards de la jornada:
– 23 toques y 19 acarreos para Fainga’anuku
– 15 toques y 8 acarreos para Fraser McReight
– 22 toques y 8 acarreos para Du’Plessis Kirifi
El volumen ofensivo del neozelandés fue significativamente mayor, lo que, según Parsons, podría volverlo predecible si no evoluciona su rol.
“Necesita encontrar el equilibrio. Los equipos van a enfocarse en él”, advirtió.
¿Un recurso puntual o una evolución real?
Más allá del impacto inicial, la gran incógnita pasa por la continuidad del experimento. Parsons dejó abierta la puerta a una evolución del rol, incluso sugiriendo probarlo como ala ciego para potenciar su influencia.
El caso de Fainga’anuku reabre un debate clásico en el rugby moderno: ¿hasta dónde pueden reinventarse los perfiles sin perder equilibrio colectivo?







