El segunda línea de los Springboks, Eben Etzebeth, hizo un repaso de su carrera internacional y reveló cuál fue el momento más doloroso que vivió con la camiseta sudafricana. Además, explicó por qué considera que Rassie Erasmus es el gran responsable del cambio que llevó al equipo a conquistar dos Copas del Mundo consecutivas.
«Fue probablemente el peor día de mi vida»
Durante el programa Boks Unpacked, Etzebeth recordó la derrota 20-18 ante Nueva Zelanda en la semifinal del Mundial de 2015, una eliminación que todavía lo marca: «Después de ese partido fui a sentarme solo en un cubículo. Probablemente fue el peor día de mi vida. Trabajas cuatro años para un objetivo y se termina en un instante», confesó.
El forward contó que, durante el viaje de regreso, le prometió al entonces capitán Jean de Villiers que haría todo lo posible para no volver a pasar por una situación similar: «Le dije que iba a trabajar más duro para que nunca más sintiéramos esa decepción.»
El impacto de Rassie Erasmus
Etzebeth también destacó el cambio que produjo la llegada de Rassie Erasmus como entrenador en 2018.
Según explicó, el plantel recuperó la identidad, el compromiso y el hambre de competir: «Rassie logró que todos creyéramos en el mismo plan. No siempre elige a los mejores jugadores, sino a los que mejor encajan en el equipo.»
Para el experimentado segunda línea, la exigencia del entrenador elevó el nivel de los Springboks: «Si no cumplís con lo que pide, simplemente no jugás. Y para un sudafricano no hay nada peor que quedarse afuera de los Springboks.»
La comparación con Prison Break
Etzebeth también sorprendió con una curiosa comparación para describir la capacidad estratégica de Erasmus: «No sé si vieron Prison Break, pero Rassie es como Michael Scofield: siempre va un paso por delante de sus rivales.»
¿Qué Mundial fue más especial?
Pese a haber sido campeón del mundo en 2019 y 2023, Etzebeth aseguró que el título conseguido en Japón ocupa un lugar especial: «En 2019 nadie esperaba que ganáramos. Fue la primera Copa del Mundo y eso es lo máximo que puede lograr un jugador de rugby.»
De todos modos, reconoció que el éxito en Francia también tuvo un valor sentimental, ya que pudo compartirlo con su esposa, que estaba embarazada de su primera hija.
«Cada Mundial tuvo algo diferente, pero ganar una Copa del Mundo sigue siendo la cima del rugby», concluyó.







