Los All Blacks cerraron la serie de la Gran Rivalidad ante Sudáfrica con una derrota contundente en Baltimore: los Springboks se impusieron 43-28 y se quedaron con la serie por 3-1.
El equipo neozelandés había comenzado con una gran victoria en Johannesburgo, pero luego sufrió tres derrotas consecutivas. A lo largo de la serie, Sudáfrica dejó expuestas varias debilidades de los All Blacks, especialmente en las formaciones fijas, el juego aéreo y la defensa.
Uno de los principales problemas estuvo en el contacto. Los Springboks lograron 539 metros después del contacto, contra 362 de Nueva Zelanda, una diferencia que reflejó el poder físico del conjunto sudafricano.
También hubo dificultades en el scrum y en la defensa dentro de los 22 metros. En Baltimore, Sudáfrica consiguió seis tries y generó 11 quiebres de línea.
Sin embargo, no todo fueron malas noticias para los All Blacks. El nuevo cuerpo técnico, encabezado por Dave Rennie y Mike Blair, logró mejorar considerablemente el funcionamiento de los backs. El equipo mostró mayor confianza y capacidad para atacar los espacios.
De hecho, Nueva Zelanda marcó 17 tries durante los cuatro partidos disputados en Sudáfrica y Estados Unidos.
Uno de los puntos a resolver será también la competencia por el puesto de apertura. Ruben Love tuvo un buen comienzo, pero su rendimiento bajó en los últimos partidos y Richie Mo’unga regresó ante los Springboks. Todo indica que ambos seguirán compitiendo por el puesto de cara al Mundial de 2027.
En cuanto a los jugadores destacados, Ardie Savea fue una de las grandes figuras hasta su lesión, mientras que Jordie Barrett fue uno de los más regulares durante toda la serie.
Otra preocupación pasa por el medio scrum. Cam Roigard volvió a demostrar que es una pieza fundamental y que, por ahora, la distancia con sus posibles reemplazantes sigue siendo importante.
Ahora, Rennie deberá definir el plantel que enfrentará a los Wallabies por la Copa Bledisloe. Las lesiones también serán determinantes, con varios jugadores importantes todavía en recuperación.
La serie ante los Springboks dejó una conclusión clara: los All Blacks tienen talento y mostraron avances en ataque, pero todavía deben mejorar su poder físico, las formaciones fijas, la defensa y la capacidad para responder ante la presión de los mejores equipos del mundo.

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