El head coach de Los Pumas, Felipe Contepomi, volvió a poner en valor uno de los pilares históricos del rugby nacional: el crecimiento sostenido del amateurismo y el rol central de los clubes en la formación de jugadores.
Durante su participación en el podcast Coaching Culture with Ben Herring, el entrenador del seleccionado argentino analizó tanto los desafíos estructurales del equipo como las fortalezas del sistema local, en un contexto donde el profesionalismo avanza a nivel global.
La dificultad de reunir a Los Pumas
Uno de los principales obstáculos que enfrenta el staff técnico tiene que ver con la dispersión de los jugadores en distintas ligas del mundo.
“Nuestro problema más grande es que tenemos jugadores en Europa, Australia, Japón, Argentina y es muy difícil juntarlos por un período de tiempo”, explicó Contepomi.
Este escenario, habitual para el rugby argentino, condiciona la preparación del seleccionado y obliga a optimizar al máximo cada ventana internacional.
El crecimiento del sistema local
En contrapartida, el entrenador destacó el impacto positivo que viene generando el desarrollo de estructuras profesionales en el país, particularmente a través del Súper Rugby Américas.
“Lo que nos está ayudando ahora en Argentina es que tenemos franquicias que juegan el Súper Rugby Américas. Los jugadores que se desarrollan en Argentina, los que entran al sistema, tienen un crecimiento para pulir su talento que viene desde los clubes”, señaló.
En ese sentido, las franquicias cumplen un rol clave como eslabón intermedio entre el rugby amateur y el alto rendimiento, permitiendo que más jugadores puedan desarrollarse dentro del país antes de dar el salto al exterior.
Un fenómeno en crecimiento
A diferencia de otras potencias donde el amateurismo ha perdido protagonismo, Argentina presenta una realidad distinta. Según los últimos datos, el rugby nacional superó los 107.000 jugadores registrados a fines de 2025, consolidando una tendencia de crecimiento sostenido.
“En Argentina hay un fenómeno raro, el rugby amateur crece año a año. Tenemos que asegurarnos de mantener ese crecimiento, porque al final del día, es de donde van a salir los futuros Pumas”, afirmó el head coach.
Este crecimiento resulta fundamental en un sistema que se nutre exclusivamente de jugadores formados en el país.
El club como núcleo formativo y social
Para Contepomi, la explicación de este fenómeno radica en el entramado social que rodea a los clubes: “Es una comunidad social alrededor de los chicos, podés ir al club desde los seis años. No hay rugby en las escuelas, o no tanto”, analizó.
En esa línea, advirtió sobre los riesgos que puede implicar una expansión desmedida del profesionalismo si no se protege la base del sistema: “Creo que el rugby argentino está 20 años atrás en el profesionalismo, que empezó hace 10 años como mucho. Cuando traés el profesionalismo, se vuelve aspiracional y si no cuidás a los clubes, los chicos que no llegan se van a ir”.
Un modelo que mira al futuro
El diagnóstico de Contepomi expone una dualidad: mientras el rugby argentino sigue consolidando su estructura profesional, su mayor fortaleza continúa siendo el entramado amateur.
En ese equilibrio entre tradición y evolución, los clubes aparecen como el verdadero motor del sistema, no solo en la formación deportiva, sino también en la construcción de identidad y pertenencia. De allí, como remarcó el entrenador, seguirán saliendo los futuros jugadores de Los Pumas.
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