El legendario pilar sudafricano Os du Randt analizó la evolución del rugby desde la llegada del profesionalismo en 1995 y señaló tres cambios clave: la presión sobre los jóvenes, el peso del dinero y la desaparición de las peleas dentro del campo.
En una nueva edición de Boks Unpacked X The Verdict, Os du Randt repasó cómo cambió el rugby desde 1995, cuando el deporte ingresó oficialmente en la era profesional. Para el ex pilar de los Springboks, la transformación no solamente modificó la preparación y las exigencias del juego, sino también la manera en que los jugadores viven su carrera.
Du Randt puso el foco en tres diferencias principales entre el rugby amateur y el profesional: la presión que reciben los jóvenes, la influencia económica que adquirió el deporte y la reducción de las peleas durante los partidos.
La presión sobre los jóvenes: ganar ya no es lo único
Para Os du Randt, uno de los cambios más importantes está relacionado con la presión que reciben los jugadores desde las categorías juveniles.
“Creo que hay demasiada presión sobre los chicos en la escuela hoy en día. Los padres ponen mucha presión en ganar y en los patrocinios”.
El ex jugador de los Springboks explicó que el profesionalismo modificó incluso las consecuencias de no conseguir un lugar dentro de un plantel. En la época amateur, quedar afuera de un equipo podía significar simplemente no jugar ese fin de semana. Actualmente, en cambio, una decisión de ese tipo puede tener consecuencias sobre el desarrollo de una carrera profesional.
A esto se suma una exposición mucho mayor. Los jugadores deben rendir de manera constante frente a entrenadores, dirigentes, patrocinadores y millones de espectadores que siguen cada partido y opinan sobre cada actuación.
El dinero cambió la mentalidad de los jugadores
El segundo gran cambio señalado por Du Randt es el económico: “El dinero cambió todo. Los chicos pueden asegurarse de por vida ahora, lo cual es bueno”.
El sudafricano reconoce que la profesionalización permitió que los jugadores puedan construir una estabilidad económica que era prácticamente inexistente en el rugby amateur. Sin embargo, también considera que un salario importante puede incrementar la presión sobre un jugador que sabe que tiene mucho que perder.
Du Randt recordó una situación de su propia carrera para explicar cómo la ausencia de dinero y exposición podía influir en las decisiones de un jugador.
Tras regresar de una lesión y mientras se recuperaba de una cirugía, tuvo la posibilidad de jugar como pilar derecho, pero decidió no hacerlo.
“Prefería jugar en el equipo B porque no hay dinero involucrado, no hay fama. No estamos en televisión”.
Para el ex Springbok, esa situación probablemente sería diferente en el rugby actual. Y puso como ejemplo a Thomas du Toit, quien realizó un cambio de posición que, según su análisis, difícilmente habría ocurrido de la misma manera durante la era amateur.
“Mi pregunta es: ¿habría pasado eso en la era amateur? No lo creo”, señaló.
Menos peleas, más rugby
El tercer cambio que destacó Os du Randt tiene que ver con la agresividad dentro del campo.
El ex pilar recordó que el rugby de décadas anteriores era un deporte mucho más propenso a los enfrentamientos físicos entre jugadores.
“El juego seguía siendo duro. Obviamente, en esos días había muchos más puñetazos”.
Incluso relató con humor que, después de algunos partidos, hubiera preferido directamente organizar una pelea de boxeo.
“A veces quería organizar una pelea de boxeo después y decir: ‘Juguemos al rugby y luego vayamos a boxear’”.
Aunque reconoce que la agresividad continúa formando parte del rugby, Du Randt valora que el juego haya evolucionado hacia un escenario en el que el foco está mucho más puesto en jugar al rugby que en los enfrentamientos entre los protagonistas.
Eso no significa que los episodios de indisciplina hayan desaparecido. Las sanciones por acciones antirreglamentarias continúan siendo parte de la actualidad del rugby internacional, especialmente cuando se producen golpes o acciones peligrosas.
Un rugby diferente desde 1995
Las reflexiones de Os du Randt muestran hasta qué punto el profesionalismo transformó al rugby desde 1995. El deporte pasó de ser una actividad en la que el resultado podía determinar simplemente quién jugaba el siguiente fin de semana a convertirse en una carrera profesional con contratos, patrocinadores, exposición global y grandes consecuencias económicas.
Para el histórico pilar sudafricano, la evolución del rugby no puede medirse solamente por los cambios tácticos o físicos del juego. También hay que observar cómo cambió la mentalidad de los jugadores y el entorno que los rodea.
Más de tres décadas después del comienzo de la era profesional, aquella transformación continúa generando debate: ¿el rugby ganó en espectáculo y profesionalismo a costa de perder parte de la esencia que tenía en la época amateur?







