Después de más de una década de planificación, World Rugby pone en marcha la Copa de Naciones, un torneo que busca darles continuidad y competitividad a las selecciones que están por debajo de la élite mundial. Para el CEO de World Rugby, Alan Gilpin, este nuevo campeonato representa un cambio histórico en la organización del rugby internacional.
«La idea siempre fue construir un calendario global conectado, donde cada partido tenga un propósito», explicó Gilpin en una entrevista con RugbyPass. El dirigente recordó que el proyecto comenzó a gestarse en 2016, sufrió varios contratiempos —entre ellos la pandemia— y finalmente pudo concretarse en 2026.
La Copa de Naciones reúne a 12 seleccionados distribuidos en dos grupos de seis equipos. Cada seleccionado disputará cinco partidos durante las ventanas internacionales de julio y noviembre, con un sistema de competencia similar al del Seis Naciones y el Rugby Championship.
Más allá del campeón, Gilpin considera que el verdadero valor del torneo está en ofrecer certezas deportivas y comerciales a las uniones participantes.
«Antes, equipos como Georgia, Portugal o Uruguay apenas conseguían uno o dos partidos importantes por año. Ahora saben exactamente qué calendario tendrán hasta 2030, lo que les permite planificar, atraer patrocinadores, negociar derechos de televisión y desarrollar una base de aficionados», explicó.
Otro de los objetivos es reducir la brecha entre las principales potencias y las naciones emergentes. Si bien todavía no existe un sistema definido de ascensos y descensos entre la Copa de Naciones y el Campeonato de Naciones, Gilpin confirmó que ese mecanismo forma parte del proyecto.
«El compromiso es que exista movilidad entre ambas divisiones. La discusión es cuándo y cómo implementarla, pero esa oportunidad llegará», aseguró.
El dirigente también destacó que el crecimiento del rugby dependerá de que más países puedan competir regularmente al máximo nivel. Puso como ejemplo a España y Chile, federaciones que hoy cuentan con programas masculinos y femeninos cada vez más competitivos y que, gracias a un calendario estable, pueden fortalecer sus estructuras deportivas y comerciales.
Gilpin admitió que la primera edición no será perfecta y reconoció que habrá aspectos por mejorar, especialmente en materia de logística y viajes. Sin embargo, considera que esos desafíos forman parte del proceso.
«Vamos a aprender mucho en esta primera edición. Sabemos que habrá cosas para corregir, pero creemos firmemente que esta competencia es una enorme oportunidad para el crecimiento global del rugby.»
Finalmente, descartó que este nuevo calendario le quite protagonismo a la Copa del Mundo.
«Los Mundiales seguirán siendo únicos. Tener un campeón del Campeonato de Naciones no disminuirá el valor de levantar la Copa del Mundo. Lo que buscamos es que, en los años sin Mundial, el rugby tenga competencias relevantes y cada partido cuente.»







