El rugby actual ya no se explica únicamente desde la posesión, el tackle dominante o la precisión táctica. En la élite, el juego se transformó en una competencia permanente de “recarga”: levantarse rápido, reorganizarse y volver a intervenir antes que el rival.
En ese contexto aparece un concepto que hoy pesa cada vez más en la evaluación de los jugadores: BIGGA.
La métrica, popularizada por el entrenador Dave Rennie durante su exitoso ciclo en Chiefs, se basa en una idea simple: un jugador solo aporta valor si está disponible para la siguiente acción.
No alcanza con ganar un contacto. Hay que volver a ponerse de pie y entrar nuevamente en juego lo más rápido posible.
El rugby de los “primeros tres pasos”
Durante la era dorada de Chiefs, figuras como Brodie Retallick marcaron diferencias justamente por esa capacidad. El equipo limpiaba rucks con agresividad y, sobre todo, aceleraba constantemente la transición entre ataque y defensa. Esa presión sostenida generaba espacios y permitía explotar el talento con pelota en mano.
Con el tiempo, BIGGA pasó de ser una idea innovadora a convertirse en un parámetro central dentro del rugby profesional.
Hoy, muchos equipos exigen que sus jugadores se levanten del suelo en menos de tres segundos al menos en el 85% de las acciones. No cumplir esos estándares puede derivar en trabajos físicos extra e incluso afectar directamente las posibilidades de selección.
Para James Parsons, ex capitán de Blues, la estadística genera una presión constante dentro de los planteles.
“Los entrenadores descubrieron que muchos jugadores se levantaban, pero quedaban estáticos. Ahí apareció el ‘Go Again’: volver a involucrarse inmediatamente”.
La lógica es sencilla:
– Si el ataque recarga rápido, genera ritmo.
– Si la defensa recarga rápido, reduce espacios.
En definitiva, el rugby moderno premia a quien logra reorganizarse primero.
Más que condición física
BIGGA no mide solamente resistencia o capacidad aeróbica. También evalúa competitividad después del contacto.
Los entrenadores observan:
– Qué tan rápido un jugador logra salir de un ruck
– Cómo se libera del tráfico corporal
– Si puede reincorporarse a la línea defensiva
– Y cuánto influye en la siguiente fase.
El medio scrum Bryn Hall, seis veces campeón del Super Rugby, define esta mentalidad como la filosofía de los “primeros tres pasos”.
El jugador no puede quedarse pensando. Debe reaccionar de inmediato y acelerar hacia la próxima acción.
Por eso, los entrenamientos actuales están cada vez más orientados a simular fatiga, colisiones repetidas y reorganización bajo presión. Los forwards trabajan secuencias intensas de scrum, maul y ruck, obligados a levantarse y volver a intervenir continuamente.
“Cuando te quedás atrás físicamente en esas secuencias, es muy difícil recuperarte”, explicó Parsons.
Los jugadores que mejor representan esta tendencia
Según Parsons, el mejor exponente actual de esta métrica es Wallace Sititi: “Sus esfuerzos consecutivos en ataque y defensa son enormes”, señaló.
Entre los forwards también destacó a: Du’Plessis Kirifi, Christian Lio-Willie, Sam Darry, Angus Ta’avao, Fabian Holland, mientras que entre los backs sobresalen: Billy Proctor, Jordie Barrett, Leroy Carter, Quinn Tupaea. Todos comparten una característica: nunca abandonan la jugada.
El detalle que define selecciones
La evolución del rugby profesional deja cada vez menos espacio para los jugadores intermitentes. El talento individual sigue siendo importante, pero ya no alcanza con aparecer en un par de acciones destacadas.
Entrenadores como Rennie buscan futbolistas capaces de sostener intensidad, velocidad de reorganización y participación constante durante 80 minutos.
Porque en el rugby moderno, muchas veces la diferencia no está en la brillantez aislada, sino en quién logra volver antes a la siguiente batalla.
stuff.co.nza
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