El rugby de Nueva Zelanda vuelve a encender las alarmas. Como ocurre cada temporada, una importante cantidad de jugadores dejará las franquicias del Super Rugby Pacific una vez finalizado el certamen, aunque esta vez el fenómeno volvió a generar preocupación por la magnitud de las salidas y por el perfil de varios de los protagonistas.
Según medios locales, cerca de treinta rugbiers abandonarán el país en los próximos meses y varios de ellos ya tienen destino confirmado en Europa o Japón. La última baja anunciada fue la de Devan Flanders, forward de Hurricanes y reciente integrante de los All Blacks XV, quien continuará su carrera en el rugby japonés.
El tema rápidamente se convirtió en debate nacional y una de las voces más fuertes fue la del ex entrenador de los All Blacks, Sir Steve Hansen, quien reconoció que la situación forma parte de la realidad actual del rugby neozelandés: “Tenemos que aceptar que esto puede suceder. Es nuestra realidad”, expresó Hansen durante una entrevista en el podcast DSPN.
El problema tiene una fuerte raíz económica y estructural. El sistema profesional de Nueva Zelanda cuenta con apenas 190 contratos full-time distribuidos entre las franquicias del Super Rugby. Además, cada provincia maneja un tope salarial cercano a los 4,5 millones de dólares neozelandeses para un plantel de 38 jugadores, mientras que muchos contratos apenas rondan los 195 mil dólares anuales.
La diferencia salarial dentro de los propios equipos también es marcada. Las principales figuras de los All Blacks pueden superar el millón de dólares neozelandeses por temporada, mientras que otros jugadores perciben ingresos considerablemente menores. En ese escenario, las ofertas provenientes del Top 14 francés, Japón o incluso Inglaterra terminan siendo difíciles de rechazar.
Entre los nombres más destacados que dejarán el rugby neozelandés aparecen Dalton Papali’i, que jugará en Castres; Sevu Reece y Braydon Ennor, rumbo a Perpignan; y Etene Nanai-Seturo junto a AJ Lam, quienes seguirán sus carreras en Clermont.
Pero Francia no será el único destino. También habrá jugadores que emigrarán hacia Inglaterra, Italia, Gales y Escocia, profundizando una tendencia que desde hace años preocupa a la dirigencia local.
Más allá de la resignación, Hansen cree que existe un camino posible para sostener la competitividad del rugby neozelandés: “¿Qué podemos hacer? Simplemente debemos asegurarnos de formar suficientes jugadores también para nuestro propio mercado”, concluyó el histórico entrenador campeón del mundo con los All Blacks.
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