El exentrenador de los Wallabies, Ewen McKenzie, lanzó una fuerte crítica al actual sistema disciplinario del rugby internacional y pidió a World Rugby que revise el impacto que tienen las tarjetas amarillas y rojas en el desarrollo de los partidos.
Durante su participación en el podcast Rugby Unity, junto al exhead coach de los All Blacks, Sir Steve Hansen, McKenzie aseguró que las decisiones arbitrales están teniendo una influencia excesiva en los resultados y que las expulsiones temporales de 10 minutos terminan condicionando demasiado los encuentros.
«Tenemos que mejorar, porque el partido lo deciden los árbitros, el árbitro de vídeo o el productor de televisión, no los propios jugadores», afirmó el australiano de 61 años.
Sus declaraciones llegan después de un fin de semana en el que el Nations Championship dejó un saldo de siete tarjetas: cinco amarillas y dos rojas, una cifra que, según McKenzie, refleja un problema que World Rugby debe analizar con urgencia.
El impacto de las tarjetas amarillas
Steve Hansen respaldó la postura de McKenzie y sostuvo que una tarjeta amarilla suele traducirse en una diferencia demasiado grande en el marcador: «Si observamos los partidos donde hubo tarjetas amarillas, probablemente se marcan al menos dos tries de promedio cada vez que un jugador sale del campo. Eso puede representar hasta 14 puntos, una diferencia muy difícil de remontar», explicó el neozelandés.
Por ese motivo, Hansen propuso que determinadas infracciones no impliquen automáticamente una expulsión temporal, sino que sean elevadas directamente a un informe disciplinario para ser revisadas una vez finalizado el encuentro.
Ese mecanismo ya se utiliza desde hace décadas en la liga de rugby, donde los árbitros pueden denunciar una acción sin afectar el desarrollo del partido. Posteriormente, un comité disciplinario analiza las imágenes y determina si corresponde aplicar multas, suspensiones u otras sanciones.
«Tenemos que hacer algo diferente»
McKenzie considera que el actual sistema perjudica tanto al espectáculo como al equipo sancionado: «Hace 18 meses que vengo insistiendo con esto. Hay al menos uno o dos tries durante esos diez minutos de inferioridad numérica. El costo es demasiado alto», expresó.
El exentrenador de Australia también comparó la situación con otros deportes y recordó un reciente encuentro entre Argentina y Suiza en el que una tarjeta roja no terminó definiendo el resultado: «No podemos medir todos los deportes de la misma manera. En rugby el impacto es muchísimo mayor y necesitamos analizarlo», señaló.
Además, explicó que cuando un equipo queda con un jugador menos modifica completamente su estrategia.
«Dejan de atacar en el ruck, pasan diez minutos únicamente defendiendo e intentando ralentizar el juego. Se pierde el ritmo, retroceden lentamente después de los saques y todo se convierte en una táctica para consumir el tiempo. Ese no es el objetivo del rugby.»
Para McKenzie, World Rugby debe abrir el debate y encontrar alternativas que permitan sancionar las infracciones sin alterar de manera tan determinante el desarrollo de los partidos.
«Tenemos que denunciar esas acciones o hacer algo diferente. El rugby debe seguir siendo un juego decidido por los jugadores y no por las decisiones arbitrales», concluyó.







