Sudáfrica y Nueva Zelanda volverán a protagonizar una de las grandes rivalidades del rugby mundial. La serie de tres Tests, más un partido en Estados Unidos, no solo tiene importancia deportiva: también puede convertirse en un nuevo modelo comercial para el rugby internacional.
Un punto. Eso fue lo que separó a Sudáfrica de Nueva Zelanda en la final del Mundial de Francia 2023. Los Springboks se quedaron con el título por 12-11 y consiguieron algo histórico: convertirse en la primera selección en ganar cuatro Copas del Mundo.
Desde entonces, Sudáfrica se consolidó como la gran potencia del rugby mundial. Es el actual campeón del mundo, lidera el ranking y ganó dos ediciones consecutivas del Rugby Championship.
Los All Blacks, en cambio, atraviesan una etapa diferente. Durante años fueron considerados el equipo dominante del rugby, especialmente después de conquistar los Mundiales de 2011 y 2015.
Ahora los roles parecen haberse invertido.
Sin embargo, la rivalidad entre ambos continúa siendo una de las más importantes y atractivas del deporte. Y justamente sobre esa historia se construye una gira que puede tener consecuencias mucho más profundas que las de una serie de partidos.
Una gira diferente
El Rugby Championship fue suspendido este año para permitir que Nueva Zelanda realice una gira por Sudáfrica que incluirá tres partidos de prueba.
El primer Test se disputará este sábado y será el primero de los tres encuentros que jugarán ambos seleccionados dentro de la denominada “Gran Rivalidad”.
A esos partidos se sumará un cuarto encuentro en Baltimore, Estados Unidos, que no formará parte de la serie oficial y que tendrá un significado especial: será el primer Test entre Sudáfrica y Nueva Zelanda disputado en territorio estadounidense.
La decisión no es casual. El rugby internacional busca nuevos formatos, nuevos mercados y, especialmente, nuevas fuentes de ingresos.
El negocio detrás de la rivalidad
La idea es que estas giras se repitan cada cuatro años. La próxima vez que Nueva Zelanda reciba a Sudáfrica sería en 2030. El objetivo es crear un producto que pueda competir económicamente con las grandes giras de los British & Irish Lions.
El potencial existe. La gira de los Lions por Australia generó importantes ingresos para el rugby australiano y permitió a la union local afrontar parte de sus problemas financieros. Nueva Zelanda también necesita encontrar nuevas fuentes de ingresos.
El Super Rugby Pacific atraviesa dificultades económicas y comerciales. Las franquicias neozelandesas acumularon pérdidas durante los últimos años y la salida de las franquicias sudafricanas hacia el United Rugby Championship redujo el atractivo de la competencia.
A esto se suma otro problema: la dificultad para retener a los grandes jugadores. Richie Mo’unga, Jordie Barrett y Rieko Ioane, todos protagonistas de la final del Mundial 2023, han tenido experiencias recientes fuera de Nueva Zelanda. Los salarios que ofrecen Japón y Europa son difíciles de igualar para el rugby neozelandés.
Los All Blacks mantienen, además, una política clara: para ser seleccionado, un jugador debe actuar en Nueva Zelanda.
La ecuación es complicada: menos recursos, jugadores que buscan mejores contratos en el exterior y una competencia doméstica que necesita fortalecerse.
En ese escenario, una serie de esta magnitud puede convertirse en un producto estratégico.
El gran desafío de los All Blacks
En el plano deportivo, la tarea de Nueva Zelanda tampoco será sencilla. Dave Rennie comenzó su ciclo con buenos resultados frente a Francia, Italia e Irlanda. El equipo recuperó parte del entusiasmo y mostró un rugby capaz de generar ilusión. Pero Sudáfrica será otra historia.
Los All Blacks solo ganaron cuatro Tests en territorio sudafricano desde 2016 y su última victoria en una serie como visitante se remonta a 1996.
Los triunfos recientes frente a Bulls, Sharks y Stormers tampoco permiten sacar demasiadas conclusiones, ya que los equipos sudafricanos presentaron planteles debilitados.
Los Springboks, en cambio, llegan con toda su experiencia.
Desde noviembre de 2024 ocupan el primer lugar del ranking mundial y mantienen una estructura consolidada bajo la conducción de Rassie Erasmus. Además, cuentan con una plantilla profunda y acostumbrada a jugar este tipo de partidos. Por eso, la serie será una prueba de fuego para los All Blacks y para el nuevo ciclo de Rennie.
¿Un modelo para el futuro?
La pregunta más importante, sin embargo, va más allá de quién gane la serie. El rugby internacional lleva años intentando encontrar un calendario que permita combinar las competencias de clubes, las franquicias y los partidos de selecciones sin sobrecargar a los jugadores.
El Nations Championship fue presentado como una posible solución, pero todavía existen dificultades para coordinar las temporadas y conseguir que las principales selecciones lleguen en igualdad de condiciones a los grandes partidos.
La situación de Sudáfrica es un claro ejemplo: Los Springboks abandonaron el Super Rugby para incorporarse al United Rugby Championship europeo, pero continúan jugando el Rugby Championship contra las potencias del hemisferio sur. Nueva Zelanda, además, perdió competitividad doméstica con la salida de las franquicias sudafricanas.
En ese contexto, una serie exclusiva entre los dos grandes protagonistas del rugby mundial aparece como una alternativa diferente.
Para Sudáfrica y Nueva Zelanda, la gira ofrece una preparación ideal pensando en el Mundial de 2027. Para los aficionados, representa la posibilidad de ver una rivalidad histórica en un formato que no es habitual. Y para las uniones de cada país, puede convertirse en un negocio de enorme valor.
El partido en Estados Unidos agrega otra pieza al proyecto. El país será sede del Mundial de 2031 y llevar allí un partido entre Springboks y All Blacks permite acercar a dos de las grandes potencias del rugby a un mercado en expansión.
Argentina y Australia también tendrán que disputar sus propios partidos durante estas semanas. Y ambos necesitan mantener su lugar dentro de un calendario internacional cada vez más competitivo.
Pero si la fórmula Sudáfrica-Nueva Zelanda demuestra ser económicamente exitosa, la relación de fuerzas dentro del rugby internacional podría cambiar.
Porque esta gira no se trata solamente de quién gana.
Se trata de determinar qué partidos quiere ver el público, qué productos pueden generar dinero y cómo se organizará el rugby internacional en los próximos años.
Y en ese sentido, la Gran Rivalidad entre Springboks y All Blacks puede ser mucho más que una serie de Tests: puede convertirse en un modelo para el futuro.
Créditos. All Blacks







