Leicester Fainga’anuku estará fuera de las canchas entre 10 y 12 semanas tras sufrir una fractura de peroné y un severo esguince de tobillo durante la semifinal de Super Rugby Pacific entre Crusaders y Chiefs.
La lesión no solo lo dejará fuera de los próximos compromisos internacionales de Nueva Zelanda ante Francia, Italia e Irlanda, sino que además pone en suspenso uno de los proyectos más interesantes que venían desarrollando los All Blacks.
Habitualmente utilizado como wing o centro, Fainga’anuku comenzó una sorprendente reconversión tras su regreso desde Toulon. Los Crusaders lo utilizaron como tercera línea durante la segunda parte de la temporada y el experimento rápidamente llamó la atención por sus resultados.
El jugador de 26 años disputó sus últimos seis partidos como ala abierto, incluyendo los encuentros de playoffs frente a Blues y Chiefs, mostrando una combinación poco habitual de potencia física, velocidad y habilidad con la pelota.
Su evolución abría una alternativa muy atractiva para el seleccionado neozelandés. Más allá de su capacidad para jugar entre los backs, Fainga’anuku ofrecía la posibilidad de cubrir posiciones en el pack de forwards, una versatilidad que pocos jugadores poseen en el rugby internacional.
El ex All Black Stephen Donald destacó recientemente ese valor estratégico al afirmar que Nueva Zelanda podría beneficiarse de un jugador capaz de desempeñarse en ambos sectores del equipo sin necesidad de recurrir a configuraciones más extremas en el banco de suplentes.
Por eso, la lesión representa algo más que la baja de un jugador en buen nivel. También impide que los All Blacks evalúen en el rugby internacional una de las transformaciones más llamativas que dejó la temporada de Super Rugby Pacific.
Además de perderse el Campeonato de Naciones, Fainga’anuku también aparece en duda para los primeros compromisos de la serie frente a los Springboks, otro golpe para un jugador que atravesaba uno de los momentos más interesantes de su carrera.







