El exentrenador de los All Blacks, Sir Graham Henry, lanzó una fuerte autocrítica sobre el presente del rugby neozelandés y no dudó en señalar a los Springboks como la potencia dominante del momento.
“Son los mejores del mundo por un margen considerable”, afirmó el histórico entrenador campeón del mundo en 2011, en declaraciones al podcast DSPN junto a Martin Devlin.
El modelo sudafricano que marca el camino
Henry destacó especialmente el trabajo de Rassie Erasmus, a quien señaló como el gran arquitecto del éxito reciente de Sudáfrica. Según el ex DT, una de las claves está en la rotación constante y la generación de competencia interna.
Durante 2024, los Springboks utilizaron 69 jugadores, una cifra que contrasta con los 38 empleados por Nueva Zelanda en el mismo período. Para Henry, esta política no solo permite gestionar mejor las cargas físicas, sino también construir profundidad en el plantel.
“Está creando competencia por los puestos y desarrollando jugadores. Eso hace crecer al equipo”, explicó.
Además, elogió el aporte del staff técnico, en particular del asistente Tony Brown, a quien calificó como “uno de los entrenadores más innovadores del mundo”.
La “arrogancia” como freno en Nueva Zelanda
Más allá del análisis deportivo, Henry fue crítico con la cultura dirigencial en su país. En ese sentido, apuntó contra lo que definió como una “arrogancia” estructural.
“No creo que Erasmus reparta camisetas al azar; esa es una afirmación arrogante. Ese es nuestro problema en este país: somos arrogantes respecto a nuestra posición en el mundo del rugby”, sostuvo.
El exentrenador fue más allá y remarcó que el problema no radica en los jugadores, sino en quienes gestionan el sistema: “Simplemente esperamos ganar. No vamos a ganar a menos que tengamos los criterios adecuados”.
Un cambio de ciclo en el rugby mundial
Las declaraciones de Henry reflejan un escenario distinto al que dominó Nueva Zelanda durante la década pasada, cuando los All Blacks conquistaron la Copa del Mundo de Rugby 2011 y la Copa del Mundo de Rugby 2015 bajo su conducción y la de Steve Hansen.
Desde entonces, el crecimiento de potencias como Francia, Irlanda e Inglaterra, sumado a la consolidación sudafricana, modificó el mapa del rugby internacional.
En ese contexto, Henry fue contundente: Nueva Zelanda necesita revisar su estructura si pretende volver a lo más alto.







