Para Sir Steve Hansen, los Springboks tienen algo más poderoso que su scrum, su maul, su profundidad de plantel o sus habituales innovaciones tácticas. Tienen una identidad.
El legendario entrenador de los All Blacks, campeón del mundo en 2015, puso el foco en un aspecto que considera decisivo en el éxito sudafricano: la capacidad de sus jugadores para jugar por algo que trasciende al individuo.
“Probablemente lo que más me impresiona de ellos no es que no se trate de rugby, sino de un espíritu de equipo. Me refiero a la gran unión que tienen como grupo y su sentido de pertenencia a su país”, sostuvo Hansen en el podcast Rugby Unity.
Para explicar esa fortaleza, recurrió a una de las características que más distingue a los Springboks: su defensa cuando el partido pierde estructura.
“Su defensa desorganizada surge de un deseo desesperado de estar en posición de ayudar al equipo. Creo que eso proviene de un sentimiento de conexión entre ellos, pero también con el país”, explicó.
Y allí aparece, según Hansen, el gran legado de Rassie Erasmus.
El exentrenador de Nueva Zelanda reconoció la extraordinaria profundidad del plantel sudafricano y sus virtudes en las formaciones fijas, pero considera que el mayor mérito de Erasmus está fuera de las cuestiones estrictamente tácticas.
“Rassie recibe muchos elogios por algunas de sus innovaciones en el campo de rugby, pero el mayor reconocimiento que debería recibir es por cómo ha conectado al equipo con Sudáfrica. Y eso lleva tiempo”.
La receta de los grandes All Blacks
Hansen conoce esa sensación. Durante su etapa al frente de Nueva Zelanda, entendió que los All Blacks debían ser algo más que un seleccionado.
“Cuando los All Blacks estaban en su mejor momento, siempre sentí que éramos el equipo de la nación. No éramos solo los All Blacks; en realidad éramos un equipo de cinco millones”, recordó.
Por eso también encuentra motivos para el optimismo neozelandés pese a la derrota en la serie ante Sudáfrica. Los All Blacks ganaron el primer partido y perdieron los dos siguientes por márgenes estrechos, mientras que el actual grupo apenas lleva unas seis semanas trabajando junto.
“Lo que me ilusiona y me da mucha esperanza para los All Blacks es que este grupo solo lleva junto unas seis semanas. El equipo sudafricano lleva junto bastante tiempo”.
Para Hansen, la distancia entre ambos no es tan grande como podría indicar el resultado de la serie.
“Sí, estarán decepcionados de que no hayamos ganado, pero sabemos que no estamos lejos de la victoria”.
Y quizá esa sea la conclusión más interesante del análisis de una leyenda: Sudáfrica tiene hoy una ventaja que no se construye con una jugada ni con un sistema. Se construye con tiempo, identidad y pertenencia.







